Editorial





Editorial

Arthur Schopenhauer, filósofo alemán del siglo XIX, dijo: “La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada”.

La “asociación CHERNOBIL elkartea” lleva promoviendo acogimientos de verano para mejorar la salud de los niños y niñas residentes en la zona afectada por el desastre de Chernóbil desde el año 1996. Y todos los años reitera el objetivo de los programas: los niños y las niñas viajan para mejorar su salud.

Pero, inmersos en la alegría de recibir a nuestras niñas y nuestros niños,  nadie tiene presente de que ese, y no otro es el objetivo -la mejora de la salud- hasta que un hecho como la enfermedad de Iván nos golpea crudamente. Es entonces, cuando damos valor al objetivo primordial de los programas, y damos contenido a las palabras repetidas hasta la saciedad: nuestro objetivo, nuestro trabajo es mejorar la salud.

Es en ese momento cuando nos damos cuenta de la espada de Damocles que pende sobre nuestras niñas y nuestros niños y que, por muy sonrientes que les veamos cuando llegan, su salud está amenazada por las consecuencias del desastre de Chernóbil.  Y que en cualquier momento su vida puede, de forma inesperada y repentina, encontrarse de bruces con la enfermedad.

Iván, contaba con 12 años cuando formó parte del programa 2011. Viajó al País Vasco como lo había hecho en años anteriores, y nada hacía pensar que ese año enfermaría gravemente. Al poco tiempo de llegar, comenzó a sentirse mal y fue ingresado en el hospital. Desde ese momento su vida cambió. Una atípica enfermedad para su edad, le obligó a estar hospitalizado hasta finales de septiembre, y en varios momentos su vida corrió un grave peligro. Aún hoy, dos años después, continúa enfermo y padeciendo las importantes secuelas consecuencia de la dolencia.

El caso de Iván no hace más que reafirmar y consolidar los motivos de los programas: las niñas y los niños viajan por motivos de salud, para reponerse de las duras condiciones que les supone residir en las zonas contaminadas por el desastre de Chernóbil.

Cualquier otro fin es secundario. No viajan para aprender idiomas, ni para hacer turismo y conocer lugares nuevos. Y por supuesto tampoco lo hacen como inversión económica. Así, más veces de las que deseáramos, esos fines distintos al principal, esos fines equivocados, dan al traste con una acogida.

Debemos de tenerlo claro y debemos de explicárselo de forma precisa. Debemos de interiorizar que viajan por motivos de salud, y sólo habiéndolo asimilado por nuestra parte, podremos hacerles entender a las niñas y a los niños el objetivo y los motivos principales de formar parte de los programas.

Y debemos de intentar que no pierdan el rumbo, y no se desvíe el objetivo, pues la cita de Schopenhauer demuestra la importancia de la salud, y la realidad de su ausencia: sin la saludsin el objetivo de los programas lo demás no importa.

Por lo demás, seguiremos trabajando para conseguir que cada vez más niñas y niños puedan compartir los beneficios de los programas que desarrolla la asociación: mejorar su salud.

Y seguiremos trabajando para no desviarnos de ese objetivo, pues lo demás es secundario…. y además no tiene valor.

asociación CHERNOBIL elkartea

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