05 abril 2020

Agur, Ánzhela
asociación CHERNOBIL elkartea

Y, mientras tanto, la vida sigue...
Berrogeialdian gaude, baina bizitza aurrera doa... Mantsoago bada ere.
Y hay cosas que duelen y que necesitan salir fuera, aunque nosotros/as debamos mantenernos dentro. Fuera literal o metafóricamente. Fuera para buscar desahogo, consuelo o abrazo. Y, por desgracia, hoy no los podremos dar de forma material, pero sí virtual.
Susana, familia de acogida de la asociación, nos ha hecho llegar esta carta. Anzhela, su «hija de Ucrania», hubiera cumplido hoy 18 años. Pero un desgraciado accidente se la llevó el pasado mes de febrero. A las puertas de la vida adulta.
Momentu gogor hauetan, Susana eta familia osoa, gure besarkada sentitu. Eta, lasai, gordeko dizuegu. Eta emango dizuegu. Gracias, Susana, por acordarte de nosotros/as en estos duros momentos. Ánimo.

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«Hoy mi hija cumpliría 18 años pero no está, se fue inesperadamente y su ausencia me rompe el alma. Llegó a nuestra casa con apenas 6 añitos, poquita cosa, debilucha, asustada y desde el primer día agarrada a mi mano como único anclaje a un nuevo y desconocido mundo.
A la vez, independiente, orgullosa, decidida y muy valiente.
La increíble Ánzhela, nuestra princesa rubia.
Como amatxu de acogida veterana, yo no podría contar cuentos de color de rosa sobre lo que supone una acogida porque no estaría siendo veraz ni honesta.
No siempre es fácil, a veces es realmente complicado, pero entonces tenía claro que si la vida de un niño no merece un esfuerzo , por nada en esta vida merece la pena esforzarse.
En los primeros años me lo repetía una y otra vez hasta que me di cuenta de que en el balance, no era nuestro esfuerzo sino el suyo, el verdaderamente valioso. Su esfuerzo, sí, el de una niña pequeña que se esforzaba por aportar y colaborar, con sus ganas de aprender, su cariño, su paciencia, su adaptabilidad, su apoyo, su ilusión, su sentido del orden y el trabajo, su alegría, su sonrisa… tantas cosas… tantas… y todas positivas. Tan claro es así, que sin ninguna duda acogerla en casa ha sido lo mejor que hemos hecho en la vida. Sin duda y en esto estamos todos de acuerdo, sobre todo mi hija Ainhoa que fue creciendo con ella y aprendiendo de ella y tiene claro que su ejemplo y su recuerdo, llenarán su vida y que su hermana le acompañará en su camino por siempre.
Ahora imagino si como amatxu de acogida veterana tuviera que transmitir mi experiencia a otras familias, lo tendría claro. Ni rosa, ni negro, ni blanco ni gris: un arco iris.
La acogida de un menor es sin duda una vivencia intensa y maravillosa, que te devuelve multiplicado en satisfacciones el esfuerzo necesario para llevarla a cabo.
Es cierto que poder aportar y colaborar en la salud y en la vida de un niño merece la pena en sí mismo, pero no es menos cierto, que es a la vez, una oportunidad increíble de llenar la vida de bonitas emociones y sentimientos, de crecer con los niños, de vivir y de sentirse reconfortado con una vida que tiene por costumbre y más últimamente llenarnos de disgustos.
Hay muchos niños como mi princesa esperando que familias les abran las puertas de sus casas, el coronavirus que nos complica a todos la existencia, a ellos en su extrema precariedad, sin duda se la complica más. La necesidad de este momento es también la oportunidad de embarcarse en una aventura que me atrevo a animar a todo el mundo a que se apunte.
Acoge a un menor…  sin duda».

 
Niños de Chernobil, teléfono de acogida: 670 419 07

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