29 agosto 2019

El agur de los niños de Chernóbil
asociación CHERNOBIL elkartea



«Es mi segundo verano en Euskadi»
Idoia López con su madre Mari Carmen Pérez junto a la pequeña Katya, de ocho años. Katya explica que «es el segundo año que viene, pero antes ha venido su hermana durante seis años». Durante este verano se han dedicado a hacer las actividades de la asociación, que «están muy bien organizadas». Además, la pequeña ha disfrutado de mucha playa y piscina. En su maleta han metido varias manualidades hechas en casa, ropa pintada a mano y muchos recuerdos. 


 «Vlady es un poco bruto»
Este es el primer año de 'Vlady' de doce años. Ainhoa Arzak y Aitor Elizalde, sus padres de acogida explican «el mes de julio hemos estado en Irún y cogíamos la bici e íbamos a la playa». Su hermano Julen, también de doce años se lo llevaba y salían por ahí con sus amigos. Según explican sus padres, «Vlady es un poco bruto» y mantiene «una relación de amor odio con su hermano», aunque el amor suele triunfar. «Le hemos comprado unos patines y ha aprendido, pero por problemas de espacio los hemos dejado aquí para el año que viene», explican. Lo que sí que lleva en la maleta son «regalos para su familia y de recuerdo la camiseta de la Real Sociedad». 
 «Julya habla mejor euskera que español»
Una familia de Lekumberri (Navarra), Rafa Saralegi y Lourdes Sucunza, explican que llevan con Julya 9 años, desde que ella tenía 6. Le encanta la experiencia: «la familia me cuida muy bien y me quieren». La joven ucraniana se explica en un perfecto castellano y su padre apunta que «habla mejor euskera que español». La joven se lleva en maleta «gulas, que no he visto en Ucrania, y pepinos, que son diferentes». La quinceañera explica que está «contenta porque va a ver a sus padres, pero es una pena despedirse de tantos amigos». 

 «La mayor ha hecho de traductora»
Victor Rubio y Ainhoa Goikoetxea posan junto Yana y Bogdana, de quince y siete años. «Con la de este año ya son veinte veces» y cuentan que por su casa han pasado cinco niños diferentes. Explican que es una experiencia muy entretenida y que «al principio cuesta entenderse por el idioma, pero la mayor hace de traductora». Este año, por problemas de espacio «la pequeña solamente se lleva una muñeca, pero solemos darle la comida que les gusta como embutido o ketchup». 

 VÍCTOR PÉREZ
Fotografías: FERNANDO GÓMEZ
El Correo  
Niños de Chernobil, teléfono de acogida: 670 419 078

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