25 agosto 2011

Vuelven a casa los 262 niños de Chernóbil
que han pasado el verano en Euskadi
para recuperar la salud
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asociación CHERNOBIL elkartea


Reportaje de IVÁN ALONSO | BILBAO.
A Stanislav le toca decir agur
Se llama Stanislav y dice que su mejor recuerdo de este verano es un inmenso cucurucho de chocolate blanco que se comió en La Concha el día que vio por primera vez el mar, «una enorme piscina», como la describía para alborozo de Edorta, su anfitrión. Stass tiene 7 años es uno de los 262 niños de Chernóbil que han pasado unas semanas de vacaciones con familias de acogida vascas y que ayer despegaron de Loiu de regreso a Ucrania, en concreto al anillo de 60 kilómetros de tierra contaminada que rodea los restos de una central nuclear cuya sola mención estremece el alma.
La Asociación Chernobil ha vuelto a hacer posible que varios centenares de niños se alejen de la zona que resultó devastada por el accidente nuclear de 1986 y de la radiación. Según Marian Izaguirre, la presidenta, 59 familias nuevas se han sumado a las de otros años en un intento por demostrar que «de solidaridad no hay crisis». Ayer, niños y mayores se deshicieron en lágrimas por la tarde ante la inevitable despedida. Promesas de hablar a través de Internet y del teléfono, y de un próximo reencuentro dentro de diez meses volaron de un lado a otro de la terminal mientras facturaban sus maletas.
La propia presidenta acoge a dos niños, Alexei, de 13, y Andrei, de 11. Junto al resto del grupo han visitado este verano las instalaciones de la Real Sociedad, se han dado una vuelta con los Bomberos de Bilbao «e incluso les han enseñado a jugar al golf en Vitoria», explicaba Izaguirre. Ludotecas, fiestas de espuma y piragüismo en Sopuerta son algunas de las actividades que los chavales -dos más que en la edición anterior, y ya van 16- realizan juntos. Aunque el tiempo de verdad se pasa en el seno de las familias, donde los niños se convierten en uno más.
Una imagen idílica si no fuera porque la mayor parte de estos pequeños vienen a Euskadi para mejorar su maltrecha salud, minada por una radiación que, según valoraciones de la ONU y la OMS, alcanzará su pico de gravedad nada menos que dentro de tres años, casi 30 después del estallido del reactor. La propia Izaguirre reconocía ayer que esta ha sido la edición «con más incidencias de salud». Análisis de sangre, una niña de la que se llegó a pensar que padecía leucemia e inflamaciones de hígado han formado parte del rosario de achaques que niños y familias han arrastrado.
Está demostrado que los cuidados médicos, la buena alimentación y alejarse de la radiación les devuelve la sonrisa y la fortaleza en unas semanas. Como a Maria Vavna, de 15 años, que lleva seis compartiendo veranos con la familia Modediano y es una adolescente igual a cualquier otra. «He disfrutado mucho por las txosnas», reconocía ayer con una sonrisa. Y cerca estaba Vogdan, de 8años, que era la segunda vez que venía y hablaba de patinetes y de bicis, mientras su 'madre' de acogida, Yolanda Aramburu, no podía reprimir una lágrima.

 Despedida en el mostrador de facturación de Loiu.
Foto: Pedro Urresti
«Lo bueno es que volverán el año que viene», repetía la presidenta de la asociación Chernóbil mientras ella también embarcaba en el vuelo para pasar semana y media en Ucrania conociendo a los niños que podrían venir el año que viene, quién sabe si a ver el mar por primera vez. Como Stass.

Fuente: elcorreo.com 


Niños de Chernobil, teléfono de acogida: 670 419 078

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