01 julio 2011

Vacaciones con mucho Swing


Niños ucranianos que pasan el verano en Vitoria aprendieron ayer a jugar al golf.  :: JESÚS ANDRADE

Niños ucranianos en familias de acogida alavesas descubren el golf en la Escuela del Seminario

 Reportaje de ELENA FERREIRA | VITORIA.
Han venido a Euskadi para comer sano, jugar, recuperarse y disfrutar del verano lejos de sus hogares, lastrados por el accidente de Chernóbyl. Ayer, una decena de ellos junto con sus padres y hermanos de acogida descubrieron el golf en la Escuela del Seminario. Fueron dos horas en las que nada les borró la sonrisa, a pesar del pelado viento que les acompañó durante toda la actividad. Fue un día de vacaciones con mucho swing.
La idea de acercar el mundo del golf a estos niños ucranianos partió de Alberto, uno de los padres de acogida que suele acercarse hasta la Escuela del Seminario a jugar.:
«Se trataba de ampliar un poco las actividades conjuntas que normalmente realizamos con ellos. Lo comenté con los responsables del campo, que se mostraron encantados con la idea y aquí estamos».
Dicho y hecho. Pasadas las diez y media de la mañana, varios coches particulares llenos de niños propios y de acogida llegaban a esta escuela de golf. Su responsable, Philippe Kerivel, hizo las veces de anfitrión y con la ayuda de las dos traductoras, todos supieron que comenzarían a jugar enseguida.
Lo primero, ensayar los swing. Philippe lanzó su primera pelota y un ¡Uauhhh! al unísono se escapó de todos los peques. Luego, les tocaba a ellos.
Mari Jose acoge desde hace 16 años a niños procedentes de las cercanías de Chernóbyl. Tatiana y Sasha son dos hermanas de 9 y 13 años que estarán los dos meses de verano, como el resto de la expedición. Entienden muy poco español, pero esta madre de acogida ya jubilada, se hace entender enseguida:
«Otros niños vienen de ciudades más grandes y ya están más acostumbrados, pero mis niños viven en una aldea muy remota, con muy poco de todo ya que están muy cerca de la central nuclear», 
comenta a EL CORREO. Su amplia experiencia como madre acogedora le hace afirmar sin titubeos que son niños abiertos a todo, muy obedientes y también bastante reservados. Destaca además sus carencias alimenticias. 
«Están muy necesitados de comida. Tienen una ansiedad terrible. Es imposible digerir lo que comen ellos. Pero, para eso vienen, a comer, a recuperarse y a jugar».
«Con el idioma, te apañas»
A Tatiana y Sasha no se les quita la sonrisa de la boca, mientras practican su swing. Al lado está Stas, de 7 años. Es el niño que tiene en acogida la familia de Nekane, madre de dos pequeños de 4 y 7 años, que prueba por vez primera esta experiencia tan solidaria. 
«Al principio, crees que va a ser imposible comunicarte, pero luego, no es tan difícil». 
Llevan apenas diez días con Stas y ya es palpable su evolución. 
«Hay que tener mucha paciencia, pero vamos avanzando en su comportamiento. Luego, le llaman la atención muchas cosas para nosotros cotidianas como el microondas, el ascensor o una simple ducha. Y es que en su casa, no tienen agua caliente, ni aseo», 
relata Nekane, quien ya tiene cogida cita con el pediatra y el dentista para que le realicen revisiones. 
«Sufrió hidrocefalia de pequeño y le operaron, por eso, le llevaremos a que le hagan un control».
La clase de golf sigue su curso. Toca hoyos. Y todos se afanan en acertar. Las monitoras ucranianas, que han venido como traductoras, también participan en la clase, así como los padres.
«Estas actividades les ayudan a los niños a tranquilizarse y sentirse más cómodos».
La clase acaba y se acerca la hora de comer. De una experiencia irán a otra: el bosque de Zabalgana les aguarda.


Niños de Chernobil, teléfono de acogida: 670 419 078

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